Perdemos audición al ser parte de una sociedad ruidosa
• María Herlinda Montiel Sánchez, Felipe Orduña Bustamante y Laura Álvarez Castañeda detallaron las repercusiones al exponerse a altos niveles de sonido
La salud auditiva impacta la calidad de vida; sin embargo, los problemas y afecciones relacionados con esta función incluyen la capacidad reducida de comunicación, merma del desarrollo cognitivo, incluso daño a la transmisión cultural que deriva en el aislamiento social, por ello los trastornos en este ámbito son una carga de salud pública global importante.
Lo anterior de acuerdo con la directora del Instituto de Ciencias Aplicadas y Tecnología (ICAT) de la UNAM, María Herlinda Montiel Sánchez, durante la Jornada Universitaria de Salud Auditiva, quien agregó que la prevención y detección temprana de estas situaciones pueden disminuir considerablemente el porcentaje de padecimientos.
En el auditorio de dicha entidad universitaria, la investigadora resaltó: “No nos damos cuenta que, poco a poco, vamos perdiendo la audición y más ahora que somos parte de una sociedad muy ruidosa”.
Más adelante, el investigador del Grupo de Acústica Aplicada y Vibraciones del ICAT, Felipe Orduña Bustamante, compartió:
“Lo más peligroso es someternos voluntariamente a sonidos extremadamente altos. ¿Cuándo ocurre esto? Cuando escuchamos sonido amplificado, ya sea con altavoces o con volumen elevado en los audífonos. Esto daña la audición de manera voluntaria”.
No hay que olvidar que el habla y oír son posiblemente los mecanismos de comunicación humana más importantes, obviamente todos los sentidos lo son, aun cuando numerosas especies animales lo hacen también por vía auditiva, pero la de las personas, a través del lenguaje, que obviamente requiere la audición, es el proceso más sofisticado.
¿Qué dijiste?
En la conferencia “La salud auditiva en jóvenes: riesgos y prevención”, la médica del Departamento de Audiología y Foniatría del Hospital General de México “Dr. Eduardo Liceaga”, Laura Álvarez Castañeda, expuso que algunos efectos del ruido son: dolor de cabeza, hipersensibilidad a este y algunos trastornos del sueño.
“Lo que se ha encontrado es que tenemos de nacimiento la capacidad de bloquear el ruido, pero cuando es constante y supera cierta intensidad, lo que va a ocasionar es que nos altere la memoria, incluso no seremos tan capaces de recordar esos mismos sonidos”, argumentó.
La también egresada de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, de la UNAM, recordó que al laborar en el Hospital Central Militar atendió a integrantes castrenses con alteraciones auditivas por ruido de explosiones o detonaciones.
A decir de la experta, solo hay que lavar las orejas con agua y jabón; es decir, no hay que asear nada al interior, todo debe realizarse en el pabellón auricular.
En ese sentido, mencionó casos de personas con perforación de la membrana timpánica porque mientras limpiaban su oído con un cotonete, hisopo, o un pasador, alguien pasó, los movió y lo perforaron.
“Entonces no introducir nada al conducto auditivo externo; evitar colocar gotas de aceite, agua oxigenada, ponerse los conos que se queman. Hemos tenido pacientes con heridas importantes por estas técnicas; hay que nadar en lugares limpios, cuidar el agua de las albercas; si se van a practicar una perforación o un tatuaje, que sea en lugares profesionales y asépticos”, concluyó.
—oOo—

a.jpg)




