boletín UNAM-DGCS-860
Ciudad Universitaria
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Pies de foto al final del boletín
INICIÓ EN LA UNAM EL OCTAVO FESTIVAL UNIVERSITARIO DE DÍA DE MUERTOS
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Donde jóvenes de escuelas y facultades, así como del Sistema
Incorporado, tienen oportunidad de expresar sus impresiones sobre la muerte a
través de 54 ofrendas
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Explicó Roberto Zozaya, titular de la Dirección General de Atención a la
Comunidad Universitaria
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Los festejos comenzaron con un concierto de la Orquesta de la Escuela
Nacional de Música, el juego de la pelota encendida y tres procesiones
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Se esperan cerca de 80 mil visitantes en “Las Islas” hasta el 2 de
noviembre
La muerte ronda la UNAM y no viene sola, la
acompaña Pedro Páramo y el pueblo de Comala. Ya se siente su presencia, ya se
respira su olor, a través del río de la vida y de la muerte.
Ya les lloran los dolientes y los recuerdan
estudiantes, con maquetas, flores, frutos, tumbas, calaveras y esqueletos.
Todos ellos en una magna exposición de ofrendas –54 en total– en las que los
universitarios participan, como cada año, con la tradición mexicana de Días de
Muertos.
“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía
mi padre, un tal Pedro Páramo”, reza en diversas exequias el comentario del
hijo de este hombre, protagonista de una de las obras más famosas del escritor
Juan Rulfo y que festeja este año su 50 aniversario.
Como cada año, jóvenes de escuelas y facultades de la UNAM, y del
Sistema Incorporado, muestran sus conceptos sobre la muerte, a través de las
ofrendas que forman parte del VIII Festival Universitario de Día de Muertos.
Esta ocasión la megaofrenda tiene el tema:
“Pedro Páramo de Juan Rulfo. Conmemorando el 50 aniversario de la obra”, cuya
relación con este encuentro universitario se debe a que la historia del libro
se desarrolla en un pueblo donde los habitantes son los muertos.
Y en la UNAM el ambiente domina. La voz de la muerte parece deambular
por cada rincón de Ciudad Universitaria, por cada espacio donde se le espera,
donde se le honra, donde se le recuerda.
En cada concepción sobre Pedro Páramo, Comala y la muerte, no olvidan
los estudiantes la típica tradición: las flores de cempasúchil y de muertos
moradas que adornan tumbas y cruces en los simulados cementerios; el tequila,
el atole, el pan, las cañas, la sal, las mandarinas, los tamales, para algún
hambriento; el agua para los difuntos sedientos; el incienso.
Y los caminos iluminados, llenos de veladoras o, a la moderna, con
foquitos y luz eléctrica –“para dar más luz”, dicen algunos–, pero el fin es el
mismo: que lleguen los muertos sin contratiempo a su última morada.
Así, el pueblo de Comala, descrito en el texto literario, se impone en
el centro de “Las Islas”, con su desolación, sus casuchas, su iglesia semi
derruida, sus pisos de tierra y yerba, el casco de la hacienda del cacique, un
río en las orillas del valle, sus muertos vivientes.
Los tambores resonaron, iniciaron los festejos y con ello aparecieron
las lloronas y los deudos. Tres procesiones llegaron al ritual de los muertos:
una, de la Facultad de Medicina, por alumnos de la Escuela Nacional Preparatoria
(ENP); la segunda, del CCH, con estudiantes de ese plantel, y la tercera,
precedida de becarios de Ciencias.
Un concierto de la Orquesta de la Escuela Nacional de Música, amenizó la
reunión; el juego de la pelota encendida a cargo de estudiantes de la ENP, le
dio más emoción.
El director General de Atención a la Comunidad Universitaria (DGACU),
Roberto Zozaya, comentó que de esta manera se enriquece el festejo de los
difuntos que se lleva a cabo en el país. Más ahora con motivo específico, Pedro
Páramo.
Ahí, la representación de la Facultad de
Ingeniería, que también homenajea a Don Quijote de la Mancha en sus 400 años.
Grandes molinos de vientos, junto a cruces y un panteón, con la representación
mexicana de las calaveras.
La ofrenda prehispánica mexica, del Instituto
San Ángel del Sur, con su zompantli al centro, punto final del mosaico de
colores instalado en forma de espiral por el que caminan los muertos. También
representan la pobreza de Comala.
En la Facultad de Contaduría y Administración
“la muerte habla con los muertos”. Está el pueblo místico, el pueblo fantasma,
el rancho de la Media Luna, pero también una cantina, un pozo y un lago, al
estilo popular, como imaginan sus estudiantes, dice el académico Juan Manuel Martínez.
“A Susana, buscándole en la eternidad”, destaca en una tumba de la
Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, en alusión al libro. Cuatro
calaveras de mujeres rezan ante una sepulcro y, como en la mayoría, un caballo
o un perro. Es que en las tradiciones nacionales éste último guía a los muertos
a su morada final.
No faltó la ofrenda mixteca, de los becarios
indígenas del Programa Universitario México Nación Multicultural, dedicada a la
recién fallecida madre del alumno Onofre Sánchez Nicolás, comentó Efrén Govea.
Así resaltan las tradiciones de solidaridad indígena.
Además de Pedro Páramo, otro es el tema de su
ofrenda, los luchadores indígenas muertos. De esta forma, hay tumbas para
Acteal, Digna Ochoa y Floriberto Díaz Gómez, éste último mixe de Oaxaca.
Otro ángulo, otra facultad, la de Derecho, con
la visión de Comala y Pedro Páramo, en contraste con la época actual. Entonces,
resaltan los sepulcros con fotografías de figuras políticas como Roberto
Madrazo, Andrés Manuel López Obrador, Felipe Calderón o Martha Sahagún.
Muestran el paso del espíritu del cacique de Comala.
El Pronabes de la Dirección General de
Orientación y Servicios Educativos destaca con colorido los cuatro elementos:
vida, tierra, fuego y agua; la ENP representó la hacienda de Pedro Páramo con
una gran construcción y cruces que representan la muerte. En 150 metros
cuadrados se exhibe uno de los cascos de la hacienda de Comala, con la
representación de su aspecto fantasmagórico.
Y, pasadas las ocho de la noche, el colectivo de teatro Alebrujo–Pánico
de Masas escenificó “Pedro Páramo Etéreo”.
También, participan trabajadores, grupos
colectivos y un conjunto de becarios de diferentes entidades, quienes en
alrededor de 12 mil metros cuadrados –superficie central de Las Islas–
colocaron sus altares.
Roberto Zozaya expuso que se esperan cerca de
80 mil visitantes, sobre todo el domingo, y los días primero y 2 de noviembre,
provenientes no sólo de la propia comunidad universitaria, sino estudiantes de
jardines de niños, primarias y secundarias que circundan al campus y público en
general, que se acerca a conocer cómo se festeja la muerte en nuestro país a
través de estas ofrendas.
Resaltó que hasta la conclusión de los trabajos, más de mil jóvenes
elaboran sus altares in situ e intercambian opiniones y materiales.
De manera adicional a las ofrendas, los
visitantes tienen acceso a una amplia gama de actividades, como teatro, danza,
performance y talleres, efectuadas durante los cinco días que dura el Festival,
dijo.
Para el correcto desarrollo del Festival, informó, la Dirección a su
cargo colabora de forma estrecha con la Secretaría de Servicios Generales,
Protección Civil y Dirección General de Obras y Conservación de la UNAM.
Para el sábado, se llevará a cabo el taller El disfraz de la muerte,
donde se elaborarán máscaras; una trova con Alberto Arista; charlas sobre Juan
Rulfo, con Alberto Chimal; voz y canto con letras sobre la muerte; cine al aire
libre, con la película argentina Esperando la Carroza de Alejandro Doria.
Todas estas actividades se efectuarán en los dos foros instalados para
el efecto: Mictlan Refugio de Exequias.
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FOTO 1.
Lloronas
y deudos participaron en las tres procesiones con las que dio inicio el VIII
Festival Universitario de Día de Muertos en la UNAM. Una de ellas partió de la
Facultad de Medicina.
FOTO 2
Pedro
Páramo, obra de Juan Rulfo, en su 50 aniversario y Don Quijote de la Mancha en
sus 400 años, fueron homenajeados por la Facultad de Ingeniería en su
participación de la Mega Ofrenda del Día de Muertos en la UNAM.
FOTO 3
Lloronas y deudos, predominaron en las procesiones con las que se iniciaron los festejos del VIII Festival Universitario de Día de Muertos en Ciudad Universitaria.